Qué difícil es ponerse de acuerdo

Imagen de cabecera: Huerto de San José

¡Buenos días y feliz lunes! Este fin de semana he vivido en primera persona lo mucho que cuesta decidir sobre cualquier aspecto de una boda cuando los novios quieren cada uno algo distinto. Comentando con mi novio cómo nos gustaría que fuera nuestra boda (algo que queda aún muy lejos, pero que dedicándome a esto es inevitable pensar) nos hemos dado cuenta de que tenemos diferentes opiniones en varias cosas.

Por ejemplo, a él le gustaría casarse por la tarde y a mí por la mañana. Mi argumento es que así tenemos todo el día para celebrarlo, además de poder morir de un ataque de nervios durante la espera. Pero he de reconocer que las bodas de tarde suelen ser más bonitas: permiten jugar mucho con la iluminación y, al final, la idea de celebrar una cena al aire libre con preciosas guirnaldas de luces me ha conquistado. Muy bien, él ha ganado el primer asalto.

Luego está la elección de la iglesia, porque queremos una ceremonia religiosa. Yo no tengo ninguna preferencia (tampoco es que me haya puesto a buscar aún, que falta mucho) pero a él le hace ilusión casarse en la Iglesia de su barrio, donde lo bautizaron y tomó la comunión. En ese caso la decisión debería ser fácil, a él le hace ilusión y yo no tenía ninguna otra en mente, ¿verdad? Bueno, el problema viene cuando la iglesia no es, precisamente, la más bonita del mundo. Por fuera sí, pero el interior requeriría mucho trabajo de decoración, algo que no siempre es posible por ser el lugar que es. Pero bueno, ya que yo no tengo preferencias y a él le hace ilusión, puedo hacer el esfuerzo. Ya va ganando 2 a 1.

El tercer y último punto de desacuerdo es el lugar del convite. Yo quiero celebrarlo en un lugar precioso que nos representa totalmente, pero donde no suelen celebrarse eventos y donde nunca se ha celebrado una boda. Aunque a él también le gusta, estaría mucho más tranquilo en una masía o algo por el estilo, donde ya hayan organizado más bodas y tengan experiencia y todos los recursos.  Y aquí es donde me planto. Cierto es que el lugar que a mí me gusta no tiene experiencia en bodas, pero el equipo de catering que contratemos sí la tendrá, por lo que es lo mismo que celebrarla en cualquier masía o salón (que por otra parte también pueden ser preciosos y no tienen la culpa de que a mí me guste este sitio). Además, yo he accedido ya a casarme por la tarde arriesgándome a una muerte por nervios y a casarme en una iglesia que no me gusta por él. ¡Esta vez le toca ceder a él!

Porque al final, se trata de lo mismo que hacemos en las relaciones día a día, ceder uno en favor del otro, los dos. A mí no me importa tanto la hora ni la iglesia y si es importante para él lo haré, porque él es lo más importante para mí. Él sabe que me encanta ese sitio porque, además de ser precioso, nos representa muy bien y es un lugar especial para nosotros, así que ha accedido a celebrarlo allí si encontramos unos proveedores que le den la misma seguridad que en un salón o masía con experiencia.

Lo importante es que los dos lleguéis a acuerdos, decidiendo qué partes son más importantes para vosotros y en cuáles no os importa tanto ceder. Así evitaréis acabar tomando decisiones que no os satisfagan a ninguno de los dos.

¿En qué puntos tenéis diferentes opiniones en la organización de vuestra boda?

¡No olvidéis que estamos de sorteo!

Sorteo

Ganadores de una organización completa de boda
Colaboración con Miriam Valero Photography

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